sábado, 11 de julio de 2009

2. Vientos de luna

Estaba obscureciendo ya, los rayos del sol junto con su calidez iban desapareciendo detrás de los cerros. La gente se reunía junto a la chimenea, las risas abundaban y los buenos momentos afloraban más y más, era rotundamente un buen momento, no había espacio ni lugar para la tristeza que en otros momentos nos ha invadido y acompañado sin permiso alguno.
Ella tenía un poco de frío, sus manos comenzaron a cambiar su color habitual, como suele pasar, el tenue color morado comenzó a denotarse. El clima era ambientado por historias alegres, como también por canciones que hacían mover los labios y el espíritu del más serio de los que estaban allí. De pronto ella notó que Él la observaba fijamente, y aun así cuando ella lo miró, no se avergonzó de estar observándola, al contrario fue un motivo para poder seguir contemplándola. La joven pudo sentir a través de sus ojos que no era una mirada cualquiera. Esos ojos fijos no eran fríos, sino más bien que había una calidez que demostraban mucha expresividad. Por otra parte, el sabia lo que estaba haciendo. Dentro de su cabeza podían sentir la fuerte imagen de ella protegida entre sus brazos, había algo mas que calidez, El, sentía en su corazón el gran deseo de estar a su lado, pero, ¿querría estar con El? Ese infortunio desconocimiento era el que abordaba aquella situación, por el corazón de la joven las mismas dudas abordaban su mente.
Ella lo miraba con un poco de temor, El la miraba con respeto, ambos se estaban sumergiendo en aguas que no habían explorado antes, como un mundo nuevo, un mundo que parecía detenerse dentro de una burbuja que donde solo ellos podían entrar. Mientras los demás proseguían con la reunión alrededor de la calida llama del compañerismo, el mundo parecía detenerse unos minutos solo en los ojos de ambos. Ya no había otra idea en mente. El sentimiento era más fuerte que cualquier cosa alguna. La joven se pone en pie y camina junto a la puerta, camina a través del sendero junto a los árboles, quienes parecían resguardar su sombra con sus hojas. Se apoya sobre el balcón que daba hacia una hermosa vista junto a la bahía. De pronto siente pasos acercándose, mientras observa que la figura del joven aparece junto a su lado, no sabe que decir, el silencio…el silencio que a veces odiamos se volvió en algo hermoso. El le toma la mano y ambos observan juntos la luna reflejándose en la bahía. Todo estaba obscuro, solo la luz de la luna podía enseñar el hermoso paisaje que ambos podían contemplar. Ella siente en su corazón el fuerte deseo de abrazarlo y al parecer el joven comprendió su mirada y la rodeo con sus brazos.
Mientras una suave brisa recorre el sendero, sus miradas se encuentran, y bajo la luna El joven la besó.

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