Mientras se llenaban los zapatos con arena, el sol avanzaba en el cielo, y el reloj corría tan apresurado como jamás lo deseamos, nos acomodábamos en nuestras actividades junto a la orilla de la playa. Muchos corrían y practicaban sus deportes favoritos, algunos otros jugaban con la arquitectura personal basada en la arena dando pie a hermosos palacios de vista indestructibles pero que las mas suaves olas podrían desaparecerlo de la orilla. El sol no me hace sentir mejor, la impotencia de no poder enfrentarla y decirle todo lo que pienso se ríe en frente de mi rostro. Creerá que le diré cosas hermosas, pero no es así, creerá que la abrazaré pero no es así, tal vez que la besaré. ¿Pero que consigo con todo esto?, yo lo pienso, y no consigo nada, talvez me acerque a ella y como un sin fin de otras veces no le tomará la importancia al acto de acercarme a ella, y como otras veces ya lo ha hecho, inventará o se aferrara a cualquier cosa la cual pueda desligarla lo mas lejos de mi.
Otra vez vuelvo a errar en mis decisiones, mi corazón no puede olvidar lo que me hizo, pero tampoco puede dejar atrás lo perfecto que me hizo sentir otras veces. Me estoy sumergiendo en una rabia intensa, asolada por la impotencia del silencio, no poder decir nada, no poder expresar nada salvo unos ojos y un rostro llenos de fuego esperanzador pero destructor de si mismo. Parece nada importarle, su sonrisa aflora con otras personas, y mientras mas lo pienso puedo llegar a una sola conclusión, jamás me amó. Y otra vez soy victima de mis malas decisiones, de mentiras crueles y engañosas. Mi insensatez claramente volvió a pasarme la cuenta, depositar mi confianza en quien no debía. Y cuando abro mis ojos la veo a un par de metros admirando el mar, sentada en la arena, tal cual como años atrás, su mirada fija en el horizonte, sus manos refugiadas en su abrigo, el frío comenzaba a azotarnos con su brisa un tanto desgarradora. Mi corazón con un latido fuerte me impulsa a ir a buscarla, a sentarme junto a su lado, a tenderle mi mano, a que se refugie y busque el abrigo en mi, que volvamos a ser uno solo. Y cuando tomé la decisión de ir, un joven se sienta a su lado y la abraza, ella apoya su cabeza en el hombro de aquel joven, le toma las manos, y al instante mi corazón se detiene y una lágrima salada recorre mi mejilla. El amor…el amor no es para mí.
Estar
Hace 10 años
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